Dime quién eres, y luego hablamos.


La ventaja de nuestra profesión es que podemos trabajar con gente de cualquier parte del mundo gracias a Internet. La pantalla de nuestro ordenador se convierte en una ventana al mundo, nosotros nos encargamos de que nos vean a través de ella, pero a veces, puede resultar ser un muro.

¿Por qué digo esto? Como he dicho, nosotros nos dejamos ver, tratamos de darnos a conocer mediante nuestros perfiles en diferentes páginas y redes sociales, es el medio más común y más útil que tenemos de contactar con posible nuevos clientes o colegas. Sin embargo, nosotros no siempre podemos ver a la persona que está al otro lado y es por ello que hay que tomar precauciones antes de involucrarse con los nuevos contactos.

Quizás estaréis pensando que soy una desconfiada, sí, lo soy hasta cierto punto. La verdad, esto no lo he aprendido en ninguna parte, he adquirido estos hábitos con los años porque nunca se sabe.  Creo recordar que durante la carrera no se me habían pasado por la cabeza varias dudas que más adelante me surgieron, seguramente porque hasta que no te metes en el ajo y está en juego tu trabajo y tu dinero no eres consciente de ello.

Hace varios meses, cuando empecé a introducirme en el mundo laboral de la traducción, una agencia (cuyo nombre no mencionaré) se puso en contacto conmigo a través de Proz porque me habían visto en uno de los foros diciendo que quería empezar a trabajar. Leí su correo electrónico, y después de emocionarme, me pregunté: ¿Y estos quiénes son? Antes de mandar respuesta alguna, me informé sobre esta agencia, vi que era una empresa, que por la pinta que tenía su página web (aún en construcción), podía ser bastante nueva y saqué mis conclusiones. Pensé que al ser nueva podrían ser más flexibles en cuanto a mi situación laboral, y tras haber consultado con colegas con mucha experiencia en la profesión, mandé mis tarifas y mi CV como me pedían. Fue una primera experiencia un poco desagradable, la persona en cuestión tenía muy mala educación y no valoraba el trabajo de un traductor, y antes que perder mi dignidad como profesional prefiero trabajar gratis para alguien que sí lo valore (supongo que entendéis por donde van los tiros). Evidentemente, me sentí mal pero tras comentarlo con un traductor con años de experiencia me dijo que había hecho bien y que seguramente habría tenido problemas con ellos en el futuro. Sí, esto es a lo que me refería en la entrada anterior. Y esto lo cuento para ilustrar los hábitos o precauciones que yo tengo a la hora de hacer nuevos contactos o establecer relaciones laborales con alguien.

Otra duda que siempre me ronda es la de: ¿Y si desaparece y no me pagan? En ese sentido creo que estamos un poco desamparados, cierto es que eso le puede pasar a cualquiera, no importa la profesión.

Está claro que estos consejos se aplicarán cuando sean ellos los que se ponen en contacto contigo, porque cuando eres tú el que lo hace ya sabes quiénes son y para qué les contactas.

Cuando te mandan un correo electrónico hay que fijarse en los siguientes puntos:

  • Identificación: La persona que se pone en contacto contigo debe identificarse, decir su nombre, en el caso de que pertenezca a una empresa, mencionar el nombre de la misma y si es un traductor autónomo comentar que lo es. Será aún mejor si al final del cuerpo del mensaje encontramos el nombre de dicha empresa, su página web, perfiles de contacto y número de teléfono. En el caso de un cliente particular sería bueno pedirles el número de teléfono para consultas y para mayor seguridad para nosotros; estoy segura que nadie trabaja para otra persona sin saber nada de ella. Si vais a facturar, pedid sus datos al principio, cuanta más información tengamos más fácil será recurrir a alguien si nos encontramos con algún problema como el impago.
  • Investigación: No somos Sherlock Holmes, está claro, pero creo que, antes incluso de responder a ese primer correo, tenemos que investigar un poco sobre la persona con la que estamos tratando. Si es una empresa podemos buscar su página web (si no aparece en el cuerpo del mensaje), leerla para informarnos sobre su política de trabajo, etc. Obtener la información necesaria de ella para sacar nuestras propias conclusiones como he comentado yo antes. No está mal si os molestáis en buscar referencias de otros traductores sobre dicha empresa y ver qué experiencias han tenido.  Si es un traductor autónomo podemos buscar en Google y ver si aparece en páginas como LinkedIn, Proz, Twitter o Facebook, o cualquier otra página pública. Y si es un particular podéis intentar lo mismo, es posible que haya requerido los servicios de otro traductor antes, y si no, no queda otra que confiar en él y esperar que no os de ningún problema.
  • Contacto: Una muy buena señal es que, independientemente de si es una empresa, un autónomo o un particular, os den varias vías de contacto. Así podréis comentarles cualquier cosa que necesitéis cuando sea necesario y también es un factor tranquilizante.

Es posible que a primera vista algunos penséis que soy una exagerada, pero creo que es importante mantener los ojos abiertos y saber con quién estamos negociando. Analizar las señales que nos dan y prestar atención a las posibles alertas como un mal trato personal, tarifas ofensivas, la reputación de esa empresa o profesional, etc. Todas esas señales nos pueden proporcionar información y conclusiones que nos permitan evitar futuros problemas.

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8 thoughts on “Dime quién eres, y luego hablamos.

  1. Hola, Verónica:

    Tienes toda la razón del mundo, hay que intentar saberlo todo sobre cualquier cliente potencial, pero no solo para guardarnos las espaldas, sino también para que vean que estamos interesados en el proyecto y en colaborar con ellos.

    Esta semana salía un artículo relacionado con esto en FreelanceSwitch, en el que se indica que a veces es contraproducente hacer ver al cliente que sabemos mucho sobre él:

    http://freelanceswitch.com/the-business-of-freelancing/are-you-researching-your-client-or-stalking-them/

    • Exacto. En este caso me he centrado en la seguridad, pero como bien dices hay que visitar sus páginas web, informarse sobre la empresa para saber qué esperan de nosotros y para ver que nos importa. Porque si no, sería como mandar una carta de presentación estándar.

      Gracias por el artículo, es gracioso que hable de lo mismo, aunque comparado con la información que doy yo, su investigación es mucho más exhaustiva jaja.

  2. Hola, Verónica;

    al leer esta entrada, me ha surgido una pregunta. Cuando haces una traducción, ¿cómo te pagan? ¿Por Paypal? ¿Te envían un cheque? ¿Tienes que moverte tú para cobrar? ¿Cómo va todo eso? Y si no te pagan, ¿a quién hay que reclamar?

    Igual son muchas preguntas para contestarlas en un comentario… Casi sería mejor que escribieras una entrada dedicada a las formas de pago. ¡Bueno, yo dejo caer la idea! 😛

    • Hola, Ana:

      Buena pregunta. El tema de los pagos es más sencillo y te iba a responder ahora, pero ya que has mencionado lo de la entrada sobre esto te agradezco mucho la sugerencia. Ya estaba pensando en el próximo post.

      En cuando a las reclamaciones, aún mejor pregunta! Yo también me lo pregunto, intentaré informarme sobre ello y con la información que recopile escribiré una entrada.

      Así me gusta que me hagáis preguntas y me deis ideas! Así aprendemos todos, yo la primera.

  3. […] En enero me fui de viaje a Hanover, a visitar a una amiga, y por casualidades de la vida, encontré trabajo en una fiesta de cumpleaños. Parece mentira, pero es cierto. Realmente uno no sabe cuándo va a encontrar una oportunidad ni dónde, y por eso siempre tenemos que estar preparados para cuando nos sorprende. La situación era informal, cosa que creo que ayuda a la hora de establecer una relación laboral, el trato se hace mucho más distendido y fácil, pero no deja de ser trabajo y cuando surge hay que adoptar una actitud profesional. En ese momento no vas a entrar en detalles ni a discutir el trabajo en si, pero habrá un intercambio de datos para hacerlo más adelante y en un entorno más adecuado. Si es nacional o local se podrá establecer un encuentro, pero en el caso de que sea internacional, viene muy bien no sólo usar el correo electrónico sino también tener perfiles en las redes sociales que ya habíamos mencionado en otra entrada, o incluso hacer una videoconferencia con programas como Skype. Este programa es una herramienta muy útil que he estado utilizando últimamente para el trabajo (ya lo usaba con fines personales), puede que a algunos les de vergüenza pero en realidad es un medio para verle la cara o escuchar la voz de aquellos con los que vas a trabajar; un punto bastante importante cuando vas a trabajar con gente que vive en otro país y no conoces de nada, tenemos que saber con quién tratamos.  […]

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