La unión hace la fuerza


El día 30 del pasado mes fue el día del traductor, día en que tuvo lugar la tercera conferencia virtual de Proz.com. Últimamente he estado hablando sobre la profesión con distintos traductores y esta conferencia me sirvió para debatir sobre otros temas relacionados con la traducción, pero hubo algo que me llamó la atención y provocó un sentimiento de rabia en mi.

Todos hemos hablado en algún momento sobre la situación actual, tanto general como de la traducción, y sobre cómo podemos resolver o sobrellevar nuestra propia situación. En uno de los chats en la conferencia virtual de Proz se hablaba sobre tarifas. Me alegró ver que había gente que estaba empezando en el mundo de la traducción y pedía consejo sobre cómo conseguir sus primeros proyectos y qué tarifas son las adecuadas. Lo bueno en estas ocasiones es oír diferentes opiniones, consejos, experiencias de otros colegas, pero ciertos comentarios hacen chirriar los oídos y hasta el alma. Muchos sugeríamos buscar traducciones voluntarias, hablar con ONGs, traductores sin fronteras, y además seguir intentando conseguir clientes para realizar trabajos remunerados, yo añadí que a pesar de no llevar mucho tiempo como profesional de la traducción sé que puedo realizar un buen trabajo y debo cobrar lo que corresponde cuando se trate de un trabajo pagado. Sin embargo, hubo un par de personas que defendían la opinión de que los novatos necesitamos currículum y por lo tanto nos toca tragar con lo que hay y cobrar lo que se nos ofrezca aunque sea una miseria. No sé como les irá profesionalmente a esas personas pero si somos nosotros mismos los que echamos tierra sobre nuestro propio tejado, ¿cómo vamos a mantener la calidad y los derechos de nuestra profesión?

Nos encontramos en una situación en la que hay muchas agencias o clientes que piden muy buena calidad por muy poco dinero, cantidades inhumanas que no nos permiten vivir de la traducción. Podemos estar de acuerdo en que al estar faltos de experiencia no haya tanta gente dispuesta a confiar en los traductores noveles, pero hay otras personas que nos usan como cabeza de turco y nos explotan. Si hay profesionales que aceptan eso y otros que apoyan estas metodologías ¿qué futuro le espera a la traducción como profesión? ¿Cómo creen que es posible crearse una cartera de clientes cobrando 0,03 € en tus inicios y pretender subir a una tarifa normal como 0,08? Lo más seguro es que cuando quieras subir tus tarifas esos clientes busquen otro traductor que cobre lo que cobrabas tú al principio, porque no les interesa nada más que gastar poco.

En el día internacional del freelancer llegué  tarde a una conferencia en línea pero la única frase que escuché se me quedó grabada y me convenció: “Good rates mean good clients, cheap rates mean cheap clients” y es una verdad como un templo. El que quiere un buen servicio pagará por él y será correcto en su trato como cliente hacia ti y en sus pagos, al que no le importa la calidad pagará lo que sea porque no valora tu trabajo ni el resultado y eso sólo puede traer problemas. Es por esto que siempre digo que es preferible trabajar gratis para adquirir experiencia y especializarse que devaluarse como profesional.

Hay que hacerse valer. Y hasta aquí mi pataleta, necesitaba compartir esto porque ver a un traductor decir eso me resulto hiriente y ofensivo, no hay que tragar.

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38 thoughts on “La unión hace la fuerza

    • Gracias, Pablo.
      La verdad es que me quedé a cuadros cuando vi a ese par de traductores decirlo con una tranquilidad impasible. Como si fuera de lógica común. Es triste que haya traductores que piensen así, no hacen un favor a nadie, ni a ellos mismos.

  1. Eso es lo que te encuentras en Proz, Verónica. Es bien sabido que las tarifas de las ofertas que se publican en Proz son una auténtica porquería. Y los traductores que “viven” en Proz, piensan que ese es el único mercado de la traducción. Estoy de acuerdo contigo en que la unión hace la fuerza, pero la unión no puede ir de la mano de una empresa como Proz, que solo mira por su propio beneficio, sino sobre todo de las asociaciones profesionales y de otras iniciativas de los propios traductores.

  2. Hola, Verónica. ¡Cuánta razón tienes! A mí me paso exactamente lo que relatas en el artículo. Empecé a trabajar con una empresa de traducción que pagaba poco, pero entonces me interesaba adquirir experiencia. Al cabo de un año de colaboración, les planteé la posibilidad de aumentar ligeramente las tarifas hasta lo que yo consideraba el mínimo que debía empezar a cobrar. El flujo de trabajo había sido constante y el volumen considerable, de modo que entendía que estaban contentos con mi trabajo y que, por tanto, aceptarían el aumento que les proponía. Su respuesta fue un no rotundo sin posibilidad de negociación y ahí terminó nuestra relación. Yo entiendo que un traductor recién licenciado no cobre lo mismo que un traductor con años de experiencia, pero de eso a pagar tarifas miserables hay un abismo.

    • Es que pensar que vas a conseguir que una agencia te pague más cuando tengas más experiencia es un error (comprensible, pero un error): las agencias que pagan 3 nunca van a pagar 8 y cuanto antes nos quede claro a todos, mejor. Si no queremos cobrar 3, lo que tenemos que hacer es buscar clientes mejores, que existen, aunque no suelen encontrarse entre las agencias de traducción españolas.

      • No me refería a agencias en concreto en la entrada, sino a la trayectoria profesional de cada uno, ya sea con clientes particulares o agencias. Es decir, si al principio aceptas unas tarifas y luego quieres ir subiéndolas te puedes encontrar con agencias que no lo aceptarán y con clientes particulares que tampoco las acepten, sobre todo si es una diferencia tan grande como la que he puesto yo. Si se quiere empezar con prudencia se puede hacer, pero a nivel competitivo. Pienso que aceptar tarifas demasiado bajas es ponerse trabas a uno mismo porque luego cuesta más subir. Es preferible olvidarse de clientes que ofrecen ciertas tarifas, casi me atrevería a decir que es mejor dedicarse a otra cosa a tiempo parcial o completo antes que hacerse una cartera de tarifas a 3 c. Y ya llegarán clientes mejores.

      • Tienes toda la razón, Elena, ¿pero alguien nos avisa de ello cuando empezamos a trabajar? ¿Tienen idea los recién licenciados de cuál es el mercado al que se enfrentan? Yo acepté esas tarifas porque creía que estaban en relación con mi falta de experiencia y que luego, con el tiempo, subirían. Por suerte, ahora la información está mucho más al alcance de todos y podemos tener una idea muy clara de la situación laboral de los traductores, pero hace nueve años (cuando me licencié) no era así.

        • Sí, ya sé que en las facultades la información de este tipo, desgraciadamente, brilla por su ausencia. Se supone que en los nuevos planes de estudios tienen asignaturas relacionadas con la profesión, pero la verdadera utilidad de esas asignaturas dependerá de quién las imparta y en eso no soy demasiado optimista. Al final nos toca a los profesionales concienciar a los estudiantes y recién licenciados.

  3. A mí la pregunta que me asalta es la siguiente: ¿pasará lo mismo en otras profesiones?

    Digamos que yo me hago un FP de fontanero. Allí aprendo y, cuando acabe, ¿a la primera casa que vaya a arreglar un grifo les voy a tener que cobrar la mitad por el mismo trabajo que haría un señor con 30 años de experiencia?

    Vale, igual el ejemplo no es el mejor. No me cabe duda que la experiencia es un factor importantísimo en nuestra profesión de traductores y que, cuantas más años llevas, más sabes… Pero hombre, un poquito de confianza en los nuevos, que por poca experiencia que tengamos, todos llevamos mínimo 4 años traduciendo en la facultad. No será lo mismo, pero tampoco llegamos al mundo laboral sin tener ni idea.

    Lo siento, mujer, me cabreo xD.

    • Ana, sí pasa lo mismo en otras profesiones. Yo conozco de cerca el mundo de los veterinarios y te podría contar experiencias sobre sus condiciones laborales que ponen los pelos de punta.
      Claro que no llegas al mundo laboral sin tener ni idea, ni mucho menos. Entiendo tu enfado, porque si para los que llevamos años en el mercado nos está resultando difícil salir adelante con esta maldita crisis, empezar de cero debe ser mucho peor. Pero yo no dejaré de animaros, porque con vuestra actitud y energía los resultados terminarán por llegar.

      • Confirmo…pasa lo mismo en muuuuuchas profesiones. Yo soy veterinaria y como bien dice Irene, se llega a trabajar en unas condiciones humillantes, llega un momento en el que no te vale la pena, no sacas beneficio por ningún lado…Ahora estudio traducción, pero ya no me van a “pillar” tan fácilmente cuando empiece… hay límites para todo, claro está, y lo que pasa es que hay mucha desinformación sobre estos temas en la facultad… hay que informarse por su cuenta y aprender de los que ya tienen experiencia. Por eso leo estos blogs, ¡la verdad es que se aprende muchísimo! Espero con impaciencia los post sobre tarifas de Verónica, de Pablo, etc

  4. Pues algo que se me plantea con lo del fontanero es que, como le ves la cara el tío, siempre es más difícil negociar… Un correo no intimida tanto 😛 Y bueno, que tienes que arreglar el grifo sí o sí. Es lo bueno de las tradus juradas, que sabes que el cliente la tiene que hacer sí o sí y que no hay tanta competencia.

    • En referencia a este tema voy a contar algo que ocurrió este verano. Un traductor con el que he estado colaborando recibió un encargo de una empresa la cual había recibido una traducción que habían encargado hecha con Google translator por lo menos. Era un contrato y daba pena, el hombre se echó las manos a la cabeza y buscó a otro traductor para que le arreglara el estropicio. Mi contacto le comentó que sería posible que tuviéramos que hacerla de 0 si una corrección llevaba demasiado trabajo y tiempo y él contesto que hiciera lo que hiciera falta que pagaría lo que tuviera que pagar. El hombre quedó muy contento con el resultado de mi trabajo y el de los otros 2 traductores que participaron. Esto es a lo que me refiero. Las bajas tarifas a veces también acaban desembocando en una mala calidad, bien porque el traductor se quema, o porque le dedica menos tiempo y quiere producir más, o porque simplemente sea un mal traductor. El tema es que al final lo que importa muchas veces es un buen trabajo y pagar lo corresponda por él, como decíais repercute en el trabajo de tu cliente y en su imagen también. Para mí no cabe duda de que no debería haber colegas que apoyen la idea de tragar con todo por ser novatos, porque eso se extiende también al que lo acepta por otras razones y si como colectivo nos pusiéramos de acuerdo en aceptar unas tarifas mínimas competitivas nos haríamos un favor.

      • ¡Qué buena historia, Verónica! La verdad es que me parece de vergüenza entregar algo de tan mala calidad, pero menos mal que al menos el cliente sabe lo que quiere y al final paga por un trabajo bien hecho.

        Ahora bien, eso sería porque el cliente final era español, ¿no? ¿Qué hubiera pasado si no puede ver la “calidad”? Miedo me da las traducciones que se cuelan por ahí…

        • Sí, era español. Tienes razón, no me quiero imaginar cuando lo que piden es una traducción inversa y no pueden ver realmente la calidad de la misma por no hablar el idioma. Hay gente con mucha cara.

  5. La frase es una verdad como un templo! Llevo algo más de dos años trabajando en agencias y he visto traducciones deficientes de freelancers con currículum y mucha experiencia y he visto traducciones muy buenas de becarios o alumnos recién salidos de la facultad. Al final lo que cuenta es la persona en concreto y la calidad de los servicios que pueda ofrecer.

    • La verdad es que todas estas dudas que se plantean en esta conversación que hemos creado son las que se me han pasado a mi miles de veces, pero siempre hay alguien que me dice que no me deje engañar y que no caiga en el error de meterme en esa espiral de aceptar tarifas tan bajas porque solo traen malas experiencias. Me fío de personas con años en la profesión que comparten sus experiencias y aprendo de ellos, y esa frase me marcó. Es lo que me lleva diciendo mucha gente y esta mujer lo simplificó perfectamente. Se hace cuesta arriba empezar cuando es eso lo que buscas pero creo firmemente que al final me alegraré de haber tomado esa decisión. No quisiera ser una de las muchas traductoras/es que malviven de esta profesión.

  6. No tengo yo tan claro que las tarifas dependan de la experiencia, sino más bien de tu capacidad de negociación y de lo pillado por los huevos que estés. Me explico. Cuando hablamos de tarifas de 4 céntimos, por ejemplo, esas no son tarifas de traductor, sino de mercado, y en función de los mercados en los que te muevas, tendrás que aceptarlas si quieres trabajar. Pero las aceptará tanto el que lleva seis meses como el que tiene 10 años de experiencia.
    He tenido la (poco grata) experiencia de que un traductor con años de experiencia me eche en cara aceptar tarifas baratas cuando luego sabes que ese mismo que te abronca trabaja por lo mismo (o por menos, según se tercie tener que pagar hipoteca, colegio de los niños, etc.).
    El problema de fondo es que hay mercados en los que no hay margen (por ejemplo, las agencias españolas). Ante esto, hay dos opciones. O cambiamos de mercado y buscamos prados más verdes (como agencias extranjeras o clientes directos) o hacemos presión como colectivo, esto último muy complejo, porque los veteranos quieren conservar su situación y no quieren ceder sitio a los novatos. Complicado como mínimo.

    • En eso estamos de acuerdo. A veces por necesidad no queda más remedio que aceptar lo que llegue, pero es triste que un colega de profesión diga que por ser novato te toca tragar. Con ese concepto sólo se da cancha a aquellos que no valoran nuestro trabajo y sólo quieren explotar a los trabajadores. Porque al final ni el que tiene que pagar una hipoteca sale beneficiado con esas tarifas.
      BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

  7. Muy buena la entrada, y muy buen resumen en la frase en negrita.

    Yo pienso que un traductor recién licenciado, por muy novel que sea, tiene que confiar en sí mismo y ofrecer unas tarifas adecuadas. Sobre todo, tiene que evitar caer en ese complejo de inferioridad que muchos (yo incluido) hemos tenido: pensar qué dirá el cliente si le ofrezco tal tarifa sin tener experiencia, si me rechazará el encargo, si me llamará la atención…

    Si un cliente valora la calidad y le demuestras lo que vales, aceptará mejores tarifas, porque sabe que está pagando por una calidad en unos textos que influyen en su propio imagen como empresa o particular. Si otro cliente te quiere regatear o hacerte bajar las tarifas a límites insospechados, ni merece la pena en negociar con esa persona, ya vendrán otras mejores si de verdad eres buen traductor y vales para ello.

    Básicamente coincido en lo que dice Ana: a muchos traductores noveles les falta confianza (quizás habría que transmitir más confianza en la facultad, que muchas veces te pintan un futuro negrísimo) cuando han estado estudiando mínimo cuatro años para ello, traduciendo en exámenes, para trabajos, para subir nota… Ya tienen una base sobre la empezar a trabajar y seguir aprendiendo.

  8. ¡Hola!

    En una charla que nos hicieron en APTIC para orientarnos a los traductores “noveles” nos comentaron una cosa que me pareció muy interesante: hay traductores noveles que realmente se sienten inseguros y aceptan esas tarifas por inseguridad, porque piensan que van a hacer errores y que por ello deben cobrar menos. Pues bien, nos sugirieron que si nos sentíamos inseguros búscasemos clientes buenos y subcontratásemos a un corrector y, aunque estuviésemos un tiempo cobrando un poco menos por palabra, las correcciones nos ayudarían a aprender (y, por tanto, darnos seguridad) y seguiríamos manteniendo las tarifas del mercado sin fastidiar a los demás.

    A los que tenéis más experiencia que yo: ¿qué os parece esta sugerencia?

    Un saludo,

    Laura

  9. Te felicito por la entrada, lo que has dicho son verdades como puños. En mi caso, por suerte, la mayoría de los profesores que he tenido (sobre todo el profesorado de interpretación) siempre han defendido que, aunque seamos noveles, nuestras tarifas tienen que ser las del mercado precisamente por lo que has dicho, porque luego a ver quién es el guapo que las sube. Y si se corre la voz de que eres un traductor barato y te echas encima el sambenito, pues apaga y dedícate a otra cosa. Y por desgracia también he tenido que escuchar de boca de profesores que, de vez en cuando, hay que hacer sacrificios y trabajar de gratis (y te lo decían con cara de pena, encima). Pues no señores, de gratis no trabajamos a no ser que sea voluntariamente para una ONG, que también tenemos que comer y tenemos derecho a cobrar como todo el mundo.

  10. Verónica, entiendo y comparto tu pataleta.

    Lo de las tarifas es el debate infinito. Lo que no entiendo es por qué un traductor novel tenga que cobrar una miseria. Tampoco digo que tengan que pedir, así de buenas a primeras, 10 céntimos por palabra, pero sí algo razonable, algo que le siga haciendo más conveniente quedarse en casa traduciendo que no irse al Mc Donalds a trabajar (donde, además, conseguiría Seguridad social y paro).

    A nosotros en la universidad ya nos dijeron que, aunque fuésemos principiantes, que menos de 0.05 € por palabra no aceptásemos. Y de esto fue hace 8 años. Sí que nos decían que bueno, si veíamos que ese cliente nos iba a dar muchas traducciones por 0,04 €/pal y que veíamos la oportunidad de que, poco después, nos podría subir, bueno, vale, que aceptásemos. Pero que jamás bajásemos de esa tarifa. Y si lo pensáis bien, si contamos 0,03 €/pal (tarifa que me han ofrecido en muchas agencias ESPAÑOLAS, lo cual me parece una auténtica vergüenza. Incluso una se atrevió a darme $0,03!!!!), y que si yo, que llevo 5-6 años traduciendo, tardo una hora en hacer unas 400 palabras decentes (depende del tema, claro), el precio por hora a esa tarifa me saldría a 12 euros, que “no está mal”. Pero un traductor novel, ¡a lo mejor no llega a las 200 palabras a la hora! Me parece muy bajo que tenga que aceptar una tarifa así y que, por lo tanto, no llegue a los 6 euros a la hora. Para eso me voy al McDonalds, que me pagan 7, con seguridad social, vacaciones pagadas, etc (bueno, creo que pagan un poco menos, pero solo por los “beneficios laborales” ya vale la pena).

    Lo que sí nos dijeron, y yo sí que hice, es que, para ayudarnos a coger práctica y currículum, que hiciésemos traducciones voluntarias. Y eso no lo veo tan descabellado. No digo que tengas que dedicarte a eso, pero es una buena forma de ayudar a una ONG y, al mismo tiempo, adquieres experiencia. Prefiero eso que nada. Yo hice tres traducciones voluntarias, y la verdad es que fueron bastante largas y aprendí un montón. Sobre todo porque ya no era como en la universidad, donde tenías una semana para traducir 500-800 palabras, sino que era para el ahora. Y así aprendes mucho sobre la industria, sin tener que “arriesgarte” a perder a un cliente. Pero ya os digo. Solo hice tres. Poco a poco me llegaron traducciones de aquí y de allá. Tuve que aceptar alguna de 4 céntimos, pero bueno, aún estaba dentro de mis márgenes.

    Lo que siempre tuve muy claro es que, si por lo que fuese aceptaba una tarifa más baja no era “por tragar” sino porque me lo tomaba como un aprendizaje. Creo que en este punto sí que he sido un poquito “arrogante”. Nunca creí que mis traducciones fuesen malas y siempre iba dispuesta a mostrar lo mucho que sé, pero siempre con humildad, pidiendo las correcciones y cualquier crítica necesaria. Ahora mismo, tengo solo una excepción de “tarifa baja”, y es una agencia que me manda unos videojuegos chulísimos, y con la que ya acordé que aceptaría la tarifa siempre y cuando en un tiempo se revisasen las tarifas y se subiesen. Y, bueno, de momento, esa tarifa un poco más baja “me compensa” por hacer algo que me gusta.

    Por otro lado, me parece buenísma la idea de Laura. La verdad es que no se me ocurrió al principio y sí, siempre es bueno ver tus correcciones, aunque lleves tiempo, porque seguro que, aunque lleves mucho tiempo en esto, también coges vicios que otra persona puede hacerte notar. Lo malo es que muchas agencias directamente no te cogerían ni aunque les dijeses que te lo corregirá un corrector. No quieren arriesgarse, y claro, si ven tu currículum, directamente no te llamarán si no ves que tienes cierta experiencia. Pero bueno, siempre se puede probar. Y me ofrezco como ayuda para los que la necesiten, aunque no sea tampoco la traductora más experimentada, ¡ni mucho menos! Cuanto más hablo con traductores con más experiencia que yo, más me doy cuenta que aún soy “novata” 🙂 Algún día llegará el momento en que pueda pedir 10 céntimos por palabra y no se me quejen 😉

    Gracias, otra vez, por la entrada. Muy ilustrativa. Me anoto la frase para soltársela a la próxima agencia que me venga con tarifas ridículas ^_^

    Saludos.

    • Pedazo de comentario, Curri. Hoy estás inspirada, ¿eh? 🙂

      Totalmente de acuerdo en que hay unos mínimos y que a veces se puede tragar con una tarifa baja como 0,04 si te lo tomas como aprendizaje. A ver si te gusta la entrada que publicaré mañana por la mañana, que van por ahí los tiros. 😉

    • Y por cierto, sí que tuviste buenos profesores para que te contaran todas esas cosas hace años… Porque ahora todavía hay poquitos de esos 😛

      Y tranquila, que yo mismo he pecado hace poco de tirar por lo bajo en una tarifa, así que… ¡nos queda mucho por recorrer! 😉

      • Yo creo que eso lo hemos hecho todos. Y además hay que saber que, como dice Elena más arriba, a un cliente no se le suben las tarifas, es imposible, lo único que puedes hacer es cambiarlo por otro de tarifas más altas. Por eso, al aceptar un encargo a 4 ni siquiera estamos sembrando (salvo en lo que se refiera a nuestro aprendizaje, claro, o si ese dinero nos va a tapar un hueco urgente), porque no sirve de nada fidelizar a un cliente cuando nuestro objetivo tiene que ser prescindir de él a medio plazo.
        Una de las reglas que yo considero más útiles es pedir sistemáticamente un poco más a los clientes nuevos. Unas veces funcionará y otras no, pero a la larga la inversión en conseguir nuevos clientes se rentabiliza antes. A medida que vamos ganando clientes de mejores tarifas, podemos ir relegando, hasta abandonarlos, a los clientes que pagan menos. Eso tiene la ventaja adicional, de que pone la autoestima por las nubes y nos ayuda a seguir avanzando 🙂
        Y la otra regla es vigilar las medias. No es tan importante aceptar una traducción a 4 como saber que todo lo que esté por debajo de una media de 6 funciona durante unos años, pero es difícilmente sostenible a largo plazo (fuera de casa de papá y mamá, quiero decir) porque hay que meter tantas horas y rendir tanto que es imposible no quemarse, y porque si no puedes reservar tiempo y recursos económicos para seguirte formando, tarde o temprano dejarás de ser competitivo.
        Alicia

        • Exacto, hay que saber que si aceptas tarifas entre 0,04 y 0,06 al principio, luego vas a tener que buscar clientes nuevos que paguen más. Comparto la opinión de que mejor buscarse buenos clientes al principio aunque tengamos que pagar a un corrector por ejemplo y ahorrarse el tener que empezar de nuevo un par de años más tarde. Además, creo que siempre te creará una mejor reputación desde un principio.

    • Totalmente de acuerdo, es lo que vengo defendiendo en mis posts. Está bien establecer unos mínimos y también saber cuándo puedes arriesgar un poco más y pedir más. Algunas agencias o clientes siempre van a intentar racanear pero lo que me parece mal es que otro traductor diga que es lo que te toca, trabajar por dos duros. Me pone de mal humor.

  11. Te apoyo en todo.

    A mí una vez me quería un listo pagar 50 euros por 10000 palabras. Le dije que no volviera a llamarme para insultar mi inteligencia y le colgué.

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