Bye bye, Frankfurt: el fin de una etapa.


¿Os ha pasado alguna vez que cuando creíais que vuestra vida empezaba a tomar una dirección más clara habéis tenido que dar un paso atrás porque pasa algo inesperado que cambia tus planes? Seguro que a más de uno.

Después de dos años y medio trabajando en una gran empresa en Frankfurt se acaba una etapa para mí. Son momentos de cambios, de incertidumbre, que me han provocado desasosiego y emoción a partes iguales (bueno, quizás un poco más de emoción). Aunque después del impacto de la nueva situación me sentí como si tuviera que volver a empezar, no me quedo con esa sensación. Aquí he crecido como persona y como profesional. He aprendido todo lo que esta etapa me ha permitido de la industria de la localización y la traducción, de los compañeros y amigos con los que he compartido esta experiencia, y todo eso me ha hecho evolucionar. He envejecido (como todos en estos últimos años, no soy la única, ¿eh?) y quizás me he vuelto un poco más sabia aunque siga siendo una aprendiz de la vida, y ahora espero que esta experiencia me abra las puertas a nuevas y mejores oportunidades.

No me arrepiento de haber tenido la valentía de coger mi maleta y volar hacia un destino que no sabía qué me depararía. Podría haber salido horriblemente mal pero, afortunadamente, no ha estado nada mal. No hay mal que por bien no venga y el hecho de que hayan terminado esta etapa por mí, solo ha sido el empujón que necesitaba para dar el paso. Uno suele intentar buscar el mejor momento o la mejor forma para realizar cambios grandes en su vida, como encontrar un nuevo trabajo, para no hacerlo a lo loco. Sin embargo, es un poco como lo de casarse o tener hijos, ¿alguna vez es el momento perfecto? Al final se me adelantaron y los cambios han venido solos pero lo veo como una oportunidad. Por fin vuelvo a casa y puedo buscar otra cosa, aunque no sea fácil. Tengo salud y tengo a mi familia, ¿qué más puedo pedir?

Vivir en el extranjero ayuda mucho a conocerse mejor, descubres cosas de ti mismo que quizás en una situación creada en tu zona de confort no descubrirías jamás y también te hace fuerte ante muchas otras que acompañado de tu familia serían un poco más llevaderas. He tenido la gran suerte de tener una pequeña familia de amigos que han estado conmigo en los momentos divertidos y también en los malos, y siempre estaré muy agradecida por ello. Ellos ya saben quienes son y que me tienen para lo que sea.

Además, no creo que pensar “qué hubiera pasado si…” sirva de algo, pero quizás si me hubiera quedado en casa seguiría buscando trabajo desesperadamente, o no, pero sé que esta experiencia ha sido muy valiosa tanto profesional como personalmente y eso no tiene precio.
Siempre recomendaré traspasar tu zona de confort para seguir aprendiendo del mundo y de ti mismo para ver hasta dónde puedes llegar, no importa qué hagas para retarte.

Por ahora solo me queda despedirme de una ciudad que ha formado parte de mi vida estos dos últimos años y medio y seguir andando el camino. Hasta la próxima.

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