Mi primera experiencia negativa

Hace unos meses que no actualizo el blog porque se me acabaron las ideas, y las pequeñas ideas que se me ocurrían me parecían inútiles. He estado un poco baja de ánimo, profesionalmente hablando, pero hoy he decidido hablar de algo que me ha ocurrido en estos últimos tres meses y que cuyo desenlace no he compartido con todos. Continue reading

Dime quién eres, y luego hablamos.

La ventaja de nuestra profesión es que podemos trabajar con gente de cualquier parte del mundo gracias a Internet. La pantalla de nuestro ordenador se convierte en una ventana al mundo, nosotros nos encargamos de que nos vean a través de ella, pero a veces, puede resultar ser un muro.

¿Por qué digo esto? Como he dicho, nosotros nos dejamos ver, tratamos de darnos a conocer mediante nuestros perfiles en diferentes páginas y redes sociales, es el medio más común y más útil que tenemos de contactar con posible nuevos clientes o colegas. Sin embargo, nosotros no siempre podemos ver a la persona que está al otro lado y es por ello que hay que tomar precauciones antes de involucrarse con los nuevos contactos.

Quizás estaréis pensando que soy una desconfiada, sí, lo soy hasta cierto punto. La verdad, esto no lo he aprendido en ninguna parte, he adquirido estos hábitos con los años porque nunca se sabe.  Creo recordar que durante la carrera no se me habían pasado por la cabeza varias dudas que más adelante me surgieron, seguramente porque hasta que no te metes en el ajo y está en juego tu trabajo y tu dinero no eres consciente de ello.

Hace varios meses, cuando empecé a introducirme en el mundo laboral de la traducción, una agencia (cuyo nombre no mencionaré) se puso en contacto conmigo a través de Proz porque me habían visto en uno de los foros diciendo que quería empezar a trabajar. Leí su correo electrónico, y después de emocionarme, me pregunté: ¿Y estos quiénes son? Antes de mandar respuesta alguna, me informé sobre esta agencia, vi que era una empresa, que por la pinta que tenía su página web (aún en construcción), podía ser bastante nueva y saqué mis conclusiones. Pensé que al ser nueva podrían ser más flexibles en cuanto a mi situación laboral, y tras haber consultado con colegas con mucha experiencia en la profesión, mandé mis tarifas y mi CV como me pedían. Fue una primera experiencia un poco desagradable, la persona en cuestión tenía muy mala educación y no valoraba el trabajo de un traductor, y antes que perder mi dignidad como profesional prefiero trabajar gratis para alguien que sí lo valore (supongo que entendéis por donde van los tiros). Evidentemente, me sentí mal pero tras comentarlo con un traductor con años de experiencia me dijo que había hecho bien y que seguramente habría tenido problemas con ellos en el futuro. Sí, esto es a lo que me refería en la entrada anterior. Y esto lo cuento para ilustrar los hábitos o precauciones que yo tengo a la hora de hacer nuevos contactos o establecer relaciones laborales con alguien.

Otra duda que siempre me ronda es la de: ¿Y si desaparece y no me pagan? En ese sentido creo que estamos un poco desamparados, cierto es que eso le puede pasar a cualquiera, no importa la profesión.

Está claro que estos consejos se aplicarán cuando sean ellos los que se ponen en contacto contigo, porque cuando eres tú el que lo hace ya sabes quiénes son y para qué les contactas.

Cuando te mandan un correo electrónico hay que fijarse en los siguientes puntos:

  • Identificación: La persona que se pone en contacto contigo debe identificarse, decir su nombre, en el caso de que pertenezca a una empresa, mencionar el nombre de la misma y si es un traductor autónomo comentar que lo es. Será aún mejor si al final del cuerpo del mensaje encontramos el nombre de dicha empresa, su página web, perfiles de contacto y número de teléfono. En el caso de un cliente particular sería bueno pedirles el número de teléfono para consultas y para mayor seguridad para nosotros; estoy segura que nadie trabaja para otra persona sin saber nada de ella. Si vais a facturar, pedid sus datos al principio, cuanta más información tengamos más fácil será recurrir a alguien si nos encontramos con algún problema como el impago.
  • Investigación: No somos Sherlock Holmes, está claro, pero creo que, antes incluso de responder a ese primer correo, tenemos que investigar un poco sobre la persona con la que estamos tratando. Si es una empresa podemos buscar su página web (si no aparece en el cuerpo del mensaje), leerla para informarnos sobre su política de trabajo, etc. Obtener la información necesaria de ella para sacar nuestras propias conclusiones como he comentado yo antes. No está mal si os molestáis en buscar referencias de otros traductores sobre dicha empresa y ver qué experiencias han tenido.  Si es un traductor autónomo podemos buscar en Google y ver si aparece en páginas como LinkedIn, Proz, Twitter o Facebook, o cualquier otra página pública. Y si es un particular podéis intentar lo mismo, es posible que haya requerido los servicios de otro traductor antes, y si no, no queda otra que confiar en él y esperar que no os de ningún problema.
  • Contacto: Una muy buena señal es que, independientemente de si es una empresa, un autónomo o un particular, os den varias vías de contacto. Así podréis comentarles cualquier cosa que necesitéis cuando sea necesario y también es un factor tranquilizante.

Es posible que a primera vista algunos penséis que soy una exagerada, pero creo que es importante mantener los ojos abiertos y saber con quién estamos negociando. Analizar las señales que nos dan y prestar atención a las posibles alertas como un mal trato personal, tarifas ofensivas, la reputación de esa empresa o profesional, etc. Todas esas señales nos pueden proporcionar información y conclusiones que nos permitan evitar futuros problemas.